El
poder de la oración.
(Enviado por M. Rebeca Cuevas Vásquez)
La mayoría de las personas creen que orar a Dios, es aprender
y repetir de memoria las oraciones aprendidas.
Orar, es simplemente conversar con Dios pero desde lo más
profundo del corazón. De nada sirve hacer oración
en forma repetitiva, sin la certeza que da la fe, de que seremos
escuchados. Jesús, nos ama intensamente. ¡Ha
dado la vida por nosotros! y siempre nos escucha. Solo tenemos que
ser pacientes, perseverantes, humildes y confiados en su inmenso
amor, infinita bondad y tierna misericordia.
Orar, no significa acordarnos de la presencia de Dios en los momentos
difíciles para luego que hemos encontrado la Luz que nos
regala, simplemente olvidarnos de su existencia.
No decaigas, sigue orando...... siempre.
La oración no solo es para pedir, sino y por sobretodo para
alabar, bendecir y agradecer los miles de milagros que ocurren cada
día en nuestras vidas. A veces no nos percatamos de ellos.
Hay que tener siempre abiertos los ojos y los oídos del corazón.
Desde allí, se le escucha y se le ve, se le percibe y se
le ama.
La fe unida a la oración produce el encuentro y cercanía,
el abrazo cálido de Cristo Jesús y el sentimiento
maravilloso de sentirnos cobijados dejándonos amar por Él.
La oración no solo debe ser personal, sino también
comunitaria, como asamblea cristiana junto a nuestros hermanos en
Cristo.
Realizamos una especial oración al meditar la Palabra de
Dios en el Evangelio y al reflexionar la maravilla de los Salmos.
Cuaquiera sea tu forma de hacer oración, no olvides hacer
de ella una forma de vida. Ora en cualquier lugar, en cualquier
situación y en todo momento. Agradece, bendice y alaba a
Dios, y tu vida y la de muchas personas ha de transformarse y tu
alma habrá avanzado un paso más hacia el cielo.
Amo
a Jesús y Él me ama sin condiciones
¿ No te parece maravilloso?
Desde mi alma y con amor fraterno
Rebeca.