PARA
MÍ LA VIDA ES CRISTO
Los santos son el ejemplo que tenemos de lo que debe ser vivir esta
unidad
de vida. Ellos han sabido integrar todas las facetas de su vida
teniendo
como único deseo agradar a Dios. San Pablo, una vez más,
nos lo expresa
claramente: 'no soy yo quien vive sino que es Cristo quien vive
en mí' (Gal
2, 20); 'para mí la vida es Cristo' (Fil 1, 21). Dejar que
la vida de Cristo
sea nuestra vida de tal modo que vayamos teniendo 'los mismos sentimientos
que tuvo Cristo Jesús' (Fil 2, 5). Esa es la lucha que se
nos plantea a los
que queremos seguir con decisión los pasos de Jesús.
Quizás el ejemplo más claro lo tenemos en santa María.
'Mujer del silencio y
de la escucha, dócil en las manos del Padre, la Virgen María
es invocada por
todas las generaciones como 'dichosa', porque supo reconocer las
maravillas
que el Espíritu Santo realizó en ella' (IM 14). En
este mes de mayo, su
fidelidad puede ayudarnos a ser conscientes de la necesidad de nuestro
compromiso.
Sabemos cuál fue su respuesta al querer de Dios, nada más
enterarse de su
Plan de Salvación, 'hágase en mí según
tu palabra' (Lc 1, 38). y la
contemplamos a través de todas las páginas del Evangelio
correspondiendo a
esa llamada, con absoluta disponibilidad y prontitud. La vida del
Espíritu,
la conciencia de obrar siempre como criatura de Dios, como hija
del Padre,
hacen que todas las cosas en su vida hagan referencia a Dios, a
su designio
amoroso.
Nada hay en ella que desdiga de la confianza que Dios ha depositado
en ella.
Su vida es un avanzar continuo en el seguimiento de su Hijo, siempre
atenta
a la voluntad del Padre. Vivir así es encontrar el sentido
de la propia
existencia, es conocer la grandeza de nuestra vocación, es
asumir nuestra
vida como camino de salvación y de liberación no ya
para nosotros solos,
sino también para aquellos que nos rodean, que nos observan,
que nos
quieren.
Contando con los fracasos personales, frutos del pecado y de nuestra
falta
de correspondencia a la gracia, permitimos al Espíritu que
trabaje en
nuestro interior. La unidad de vida no es fruto, por lo tanto de
nuestro
empeño, de nuestros esfuerzos. Sólo Dios puede hacerlo
en nosotros. Hay que
dejar hacer al Espíritu Santo, conscientes de nuestra fragilidad
y de
nuestra incapacidad personales para alcanzar metas que nos superan.
Sin
embargo tenemos que querer colaborar con esta obra del Espíritu
Santo. Sin
refugiarnos en una falsa humildad, ir poniendo los medios que están
a
nuestro alcance por conseguirlo.
LA UNIDAD SIGNO DE VIDA
Humanamente hablando la unidad significa la fuerza, la vitalidad.
Lo que
está unido se manifiesta como fuerte, capaz de grandes cosas,
manifiesta
vida. El cuerpo humano, la familia, la sociedad mientras permanecen
unidos,
tienen vida en sí. Teológicamente ocurre lo mismo.
Dios es la perfecta
unidad, es la vida en sí misma. La Iglesia, cuerpo de Cristo,
tiene como
nota propia la unidad, que se entiende también pero no sólo
como única.
La unidad de vida es fuente y signo de la vida interior del cristiano.
Vida
de la gracia en el corazón del hombre que le hace ser, no
ya otro Cristo,
sino el mismo Cristo. Vida de la gracia que hace del que cree 'homo
Dei',
hombre de Dios, portador de Dios, capaz de regenerar vida sobrenatural
a su
alrededor.
Esa unidad interior, que es don del Espíritu, nace de la
unión con Jesús, y
le hace obrar como Jesús. El obrar del hombre de Dios es
un obrar
sobrenatural. 'Cosas mayores haréis' (cf Mt 21, 21) dijo
el Señor a los
apóstoles cuando se asombraban de los milagros que hacía.
Es lógico que sea
así. Jesús prometió el Espíritu Santo
como un manantial de agua que brota
desde el interior del hombre y que da vida a todo lo que le rodea.
El
trabajo profesional, la vida de familia, el cuidado de los enfermos,
los
detalles de cariño con quienes sufren, el rato que pasamos
con nuestros
amigos en los momentos de ocio, el deporte, un pequeño servicio
que hacemos
con alegría... todo eso, todo lo que es nuestra vida corriente,
vulgar, es
camino de salvación. Es nuestro camino de santificación,
que adquieren valor
redentor porque hechos por amor a Dios, con espíritu de servicio
a nuestros
hermanos los hombres santifican también a los demás,
porque estamos haciendo
que el reino de Dios, reino de justicia, de solidaridad, de respeto,
de
alegría y de gracia, se haga presente en el mundo, en la
sociedad en la que
vivimos.
Unidad de vida, pues, que nos hace vivir lo mismo que el resto de
los
mortales, pero en un plano muy distinto, el plano de Dios, el plano
de la
visión sobrenatural, el plano desde el que Cristo, clavado
en la Cruz, veía
todas las realidades.
Examen
¿Entiendo lo que significa 'unidad de vida'? ¿Comprendo
el alcance de esta
gran tarea de Dios en nosotros? ¿Busco los medios para conseguirlo?
¿Creo
que me tomo en serio ir alcanzando esa unidad de vida? ¿Tengo
determinados
campos de mi jornada en los que no dejo que entre Dios? ¿Es
la filiación de
vida el motor de mi vida en todos sus aspectos? ¿Hago distingos
dentro de
las cosas que ocupan mi día? ¿Le dejo al Espíritu
entrar en mi alma? ¿Le
pongo obstáculos para que no
me 'complique' la existencia? ¿Hay alguna parte de mi corazón
que me
reservo para mí?
¿Colaboro con la obra de Dios en mí? ¿Procuro
mantener la presencia de Dios
durante toda la jornada? ¿Hago la oración personal
diaria que me ayude a
conseguir este fin? ¿Contemplo la vida de los santos como
ejemplo a seguir o
me conformo con admirarla como si de una obra de arte se tratara
pero sin
dejar que influya en mí?¿Cumplo con mis obligaciones
en el trabajo? ¿Soy
puntual, trato bien a los que dependen de mí en el trabajo,
encomiendo a las
personas que trabajan
conmigo? ¿Vivo las virtudes cristianas con las personas de
mi familia? ¿Me
desahogo con ellos? ¿Tengo detalles de cariño con
ellos? ¿les pido perdón
cuando me porto mal? ¿Les perdono yo? ¿Cómo
aprovecho el tiempo libre? ¿Me
dejo llevar por los amigos? ¿Sé poner espíritu
cristiano en lo que planeo?
¿Se avergonzaría Jesús de lo que hago en el
tiempo de descanso?
¿Tengo visión sobrenatural de las cosas? ¿Soy
optimista, sé dar valor a las
cosas de cada momento?
¿Me encomiendo a la Virgen? ¿Procuro no sólo
admirarla, sino también
imitarla? ¿Le agradezco el don de su fidelidad?